
FEBRUARY 19th, 2023

Línea ADCP
La Línea de Investigación ADCP es una entidad académica que actúa en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, en la licenciatura y el posgrado.
Sus trabajos giran entorno a la AP (Arquitectura Participativa) y la PSH-a (Producción Social del Hábitat-asisitida).
Colabora en diferentes contextos poblacionales (urbanos y rurales). Se enfoca en generar contenidos teóricos, actividades docentes pero también estrategias de intervención con comunidades populares, en escalas variables, con énfasis en la restauración ecológica y la participación.
ONTOEPISTEMOLOGÍA DE LA
ARQUITECTURA PARTICIPATIVA Y PSH-A INSTRUMENTOS PARA PALIAR LA CRISIS DISCIPLINAR ARQUITECTÓNICA.
DR. JOSÉ UTGAR SALCEDA SALINAS
INTRODUCCIÓN
Este escrito desarrolla de manera central dos aspectos: las nociones de crisis y crítica en las disciplinas del hábitat y del campo de lo urbanoarquitectónico; y un conjunto de proposiciones que podríamos denominar onto-epistemológicas y metodológicas respecto a una salida de esa crisis en las disciplinas del hábitat humano. De forma complementaria, revisa los conceptos relativos a la Producción Social del Hábitat Asistida (PSH-A) en la Ciudad de México (CdMx) y en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), así como la posibilidad de encontrar caminos alternativos a los ensayados por la academia desde hace mucho tiempo, sin obtener otro resultado que el agravamiento de la enunciada crisis. En el texto aparecen también, entre otras cuestiones y productos, aquellos que son el resultado de la suma de esfuerzos de la Línea ADCP (arquitectura, diseño, complejidad y participación) que está constituida por un equipo de profesores, alumnos e investigadores de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, al cual pertenece quien elabora el presente. Es una comunidad con posturas divergentes, críticas, heterogéneas que, sin embargo, de manera consciente ha apostado a la construcción de acuerdos para operar el trabajo en el aula y en los procesos de vinculación con las comunidades populares de la zona del altiplano central del país, en particular de la CdMx y de la ZMVM. Es para darle sentido a todo esto que se ha instituido una línea de investigación denominada ADCP, la Línea ADCP (Arquitectura, diseño, complejidad y participación).
El verdadero “movimiento” de las ciencias se produce por la revisión más o menos radical (aunque no transparente para sí misma) de los conceptos fundamentales. El nivel de una ciencia se determina por su mayor o menor capacidad de experimentar una crisis en sus conceptos fundamentales. En estas crisis inmanentes de las ciencias se tambalea la relación de la investigación positiva con las cosas interrogadas mismas. Las diversas disciplinas muestran hoy por doquier la tendencia a establecer nuevos fundamentos para su investigación. M. Heidegger. (1)
Existe hoy en la arquitectura una crisis en parte provocada, entre muchas otras cuestiones, por el desconocimiento (o la deliberada omisión) del gremio arquitectónico de las demandas sociales, de los entornos microculturales en los que actúa, es decir, de los modos de habitar de los diferentes contingentes y sectores poblacionales. Especialmente cuando se trata de los estratos mayoritarios que generalmente se encuentran en las variadas gradaciones de la pobreza, así como de la clase media de bajos ingresos, quienes poseen condiciones económicas, culturales, jurídicas y formas de habitar específicas, que no son los de las camarillas dominantes. (2)
La crítica de la práctica de la arquitectura como disciplina académica y profesional introduce, entre otros aspectos, uno de carácter ontológico y epistemológico: implica reconocer que el saber de los arquitectos profesionales sobre la realidad socioespacial, sobre el mundo, sobre las culturas de los habitantes es una empresa cognitiva deficiente y mayoritariamente fracasada. Agrava la situación su pretensión de poseer el monopolio del conocimiento arquitectónico que incluye, o debería incluir, el habitar, su diversidad, su complejidad, su heterogeneidad.
(5) la cual propone vincular a los estudiantes, profesionales e investigadores con la PSH-A mediante la participación del conjunto de actores involucrados en la construcción de las demandas socioespaciales y en el total del proceso de producción de lo urbanoarquitectónico.
I. LA LÍNEA ADCP
ANTECEDENTES DEL ADCP
En los años setenta del siglo pasado se funda en la Facultad de Arquitectura una corriente académico-política denominada Autogobierno. Perseguía una diversidad de objetivos. Algunos sumamente pragmáticos, otros más bien colmados de buenas intenciones... del realismo a la utopía. Sin embargo, la Facultad de Arquitectura jamás ha tenido una propuesta didáctico-pedagógica más avanzada. Nunca antes (y nunca después) un plan de estudios, una epistemología o una pedagogía del hecho urbano-arquitectónico fue más completa y coherente. (6) y (7) Emanadas de aquel fenómeno universitario surgen las propuestas del Taller Max Cetto, en la licenciatura de arquitectura, y del Campo de ACT, en la maestría de arquitectura y urbanismo. Componente fundamental de estos dos ámbitos académicos, en sus inicios el ADCP se denominaba Vivienda y diseño participativo. Con sus aportaciones y trabajo contribuyó a generar importantes referencias conceptuales como la “producción social del hábitat-asistida” (PSH-A), “la planeación y el diseño participativos”.
Con la incorporación de nuevas herramientas del conocimiento se hizo necesario ampliar la visión original de la línea: Se puede considerar al ADCP, en principio, como una alternativa de aproximación a la forma de entender las diversas actividades propias de lo urbano-arquitectónico y a la forma de concebir, planear la construcción de los entornos urbano-arquitectónicos. Es por sus mismos planteamientos teóricos, que exige la necesidad de construir una visión epistemológica nueva respecto al estudio de los fenómenos y hechos urbano-arquitectónicos… girando entorno del lenguaje escrito y de la construcción colectiva del conocimiento. Por tanto, el ADCP, plantea a la vez, escenarios diferentes de formación y profesionalización del arquitecto o urbanista, pero también proporciona nuevas herramientas con un gran potencial… que para la visión más tradicional, quedaban vedados o inexistentes. Esta concepción epistemológica de la arquitectura busca superar las visiones de las disciplinas como entidades autónomas o cerradas dentro de sí mismas y de sus objetos de estudio y se apoya en el desarrollo teórico de la complejidad y de su principal herramienta, la transdisciplina, que busca superar (mas no desechar) a otros instrumentos académicos como la
Ante esa crisis, ha surgido una postura teórica, didáctica y práctica que se ha denominado Producción Social del Hábitat Asistida (PSH-A), (3) (4) y
multidisciplina y la interdisciplina. El ADCP opera como una forma de aproximación al problema y no a partir de recursos metodológicos y entre sus mayores aportaciones se encuentra la de cuestionar cual es realmente el objeto de estudio de la arquitectura: sí el desarrollo de la construcción física de los objetos urbano-arquitectónicos, o por otro lado, las relaciones que en y con los objetos desarrollan los sujetos, con sus diferentes componentes, económicos, sociológicos, antropológicos, ecológicos, etcétera; que a su vez forman parte de un todo mayor: el hábitat humano.
El ADCP se dividiría en 4 “sublíneas” todas ellas interdependientes entre sí: 1.- Complejidad y la transdisciplina. 2.- Participación y democracia. 3.- Sustentabilidad y la restauración ecológica. 4.- Multiciencia del Hábitat humano. Así, llegamos al contexto de actuación del ADCP frente a los principales exponentes y expertos en los entornos relativos a la PSH-A tanto de nuestro país, México como de casi toda América Latina: El ADCP comparte con estos colectivos su visión general pero tiene significativas diferencias e incluso divergencias. Para el común de esos equipos cercanos a los ámbitos de la PSH-A casi siempre es más relevante la acción política y organizacional que la atención a los procesos y subprocesos de la materialización del hábitat, la vivienda y el barrio. Para el ADCP es tan determinante una esfera como la otra: la acción organizacional y política requiere resultados materiales coherentes, pero sobre todo apropiados y apropiables. La materialización no solo es la edificación de objetos inertes.
Es la concreción de la lucha política y social de un grupo humano o, mejor dicho, de los grupos humanos de la economía popular en consonancia con sus valores, tradiciones, aspiraciones y metas. Para lograr esas cualidades de lo materializado no basta tener la buena disposición o la solidaridad urbanoarquitectónica: es importante por un lado conocer las capacidades, los recursos intelectuales, humanos y materiales disponibles para habilitar integralmente la participación en TODAS LAS FASES DEL PROCESO DE PSH-A. Por otro, se requiere un manejo transdisciplinario y desprofesionalizante (al estilo de Iván Illich) (8) de esas capacidades de manera tal que se puedan recurrir pero también conservar, criticar, transformar ese cúmulo de saberes, conocimientos, habilidades, actitudes respecto a la PSH-A tanto en los entornos universitarios y profesionales como en aquellos comunitarios donde la letra escrita no necesariamente es la norma. Uno de los elementos relevantes de las concepciones y actuaciones característicos del entorno de trabajo ADCP es la postura crítica. Es en ese posicionamiento crítico que se ha deconstruido la idea de que la arquitectura es un disciplina inmutable, plena de vida, de relevancia, de vigencia, radiante de saberes y certidumbres cognitivas. En contrapartida, en el ADCP se han recabado evidencias y testimonios de una crisis arquitectónica cada vez más aguda. De una crisis que, de manera aparentemente inexorable, empuja a la disciplina arquitectónica no solo a una perspectiva monodisciplinar sino a su irrelevancia, a una deriva cancelatoria hasta su lenta pero segura desaparición.
CRISIS Y CRÍTICA
La crítica tiene dos aspectos, dos vertientes. Es decir, crítica es duda sistemática pero también la posibilidad de construcción y re-construcción de conocimientos: sirve para identificar la aparición de uno o varios momentos y aspectos de una crisis, esos instantes de falla en el devenir general pero también en el campo del conocimiento humano. En una de esas vertientes se convierte en disciplina metodológica, parte desde la teoría y se inserta en ella. Y la otra, donde se convierte en el saber de la duda persistente, herramienta útil para el conocimiento, para las ciencias; epistemología de la depuración, solvente universal.
Estamos así, en condiciones de intentar un significado más adecuado de crítica derivando desde la noción de duda en la factibilidad del ensayo (el recurso metodológico) como un sistema ininterrumpido, abierto y en su relación con una de las varias acepciones de conocimiento científico. Podemos decir con Descartes “Así hemos arribado a la ciencia partiendo de la duda.” Popper introduce, posteriormente en el siglo XX, el tema del falsacionismo relacionándolo con la idea de objetividad momentánea… provisional y no absoluta. Sin embargo, existen niveles de certidumbre y certeza, grados de objetividad, (9) niveles de perdurabilidad de las proposiciones o cortes propuestos en el análisis de lo real. Las teorías y la crítica no solo son un libre y lúdico juego de onanistas profesionales de la duda, son las (micro) certezas que rigen nuestros compromisos temporales y por los que morimos y matamos, racional e irracionalmente, con mayor o menor sentido de justicia y equidad. Por las que morimos y matamos en los lapsos prolongados de toda una vida humana o en circunstancias de una abrupta desgracia momentánea, breve, fugaz. En fin, una genealogía de la crítica abarcaría desde el racionalismo enciclopedista francés del siglo XVIII, con Diderot y Montaigne hasta el posmodernismo cuasi-delirante con ensayistas como Derrida o Deleuze. En arquitectura el ensayo es practicado, como un medio crítico, por muy pocos autores: Alberto Saldarriaga, Christopher Alexander, Nicolás Habraken, Gordon Cullen o Emmanuel Rocha.
No existe teoría sin crítica ni crítica sin teoría. La crítica necesita afiliarse a una teoría o teorías y es, a su vez, la verificación práctica de las teorías. Para que exista la crítica es necesario cuando menos, diversidad de opiniones, cuando no opiniones contrapuestas que pongan en crisis mundos unitarios y deterministas (como el de la tradición clásica o en la Facultad de arquitectura en la UNAM que es la menos peor calificada de todas las escuelas de arquitectura en Iberoamérica). La crítica parte de la duda, es un constante esfuerzo de prueba, error y cambios. Como en la etnología y la etnografía: las interpretaciones y teorías están abiertas y sometidas a verificación, pero los datos y los hechos concretos solo son de una manera. En lo descriptivo el trabajo de la crítica debe ser riguroso, objetivamente planteado y elaborado a través de un medio, el recurso del ensayo.
EL ENSAYO COMO TÉCNICA DE LA CRÍTICA.
El ensayo entendido como indagación libre, abierta, provisional, tentativa, revocable y no rígidamente sistemático es la más genuina herramienta de la crítica en la esfera arquitectónica y en general en el de las ciencias humanas y sociales. Sin un camino predeterminado, generador de ideas, hijo de la duda no pretende agotar un tema sino abrir senderos del pensamiento y generar el diálogo. El ensayo es la figura literaria paradigmática (junto a la novela) de nuestra era decadente y escéptica, pero también es el vehículo mejor configurado para la crítica. Ha tenido grandes exponentes, Montaigne, el escritor francés, es considerado padre del ensayo. Octavio Paz, el poeta español que nació en San Ángel, Ciudad de México, aquel cuestionado premio nobel de literatura fue, según la opinión de algunos, un gran ensayista. El ensayo es una forma literaria en la que predomina la subjetividad, la temporalidad, lo cambiante, la duda; usa recursos como la contradicción, la paradoja. Por su parte, Ortega y Gasset, filósofo español, cuando “ensayaba” no ofrecía respuestas pero planteaba muchas interrogantes, muchas preguntas. (9Bis)
II. LA ARQUITECTURA ES UNA DISCIPLINA EN CRISIS.
El origen de esa crisis es diverso y se presenta en diferentes aspectos y ámbitos de la disciplina arquitectónica pero también de todas sus derivadas como el urbanismo, la planificación o las múltiples expresiones del diseño. La arquitectura es una disciplina que padece una crisis muy arraigada, en cuyos territorios no se hace evidente el cauce de una salida posible.
1. CRISIS DISCIPLINAR
2. CRISIS ONTOLÓGICA Y POLÍTICA
3. CRISIS PROFESIONAL
II.1. ATRASO DISCIPLINAR. ANTECEDENTE.
El culto casi religioso a las obras maestras de algunos pocos arquitectos reconocidos y publicitados aleja la atención y el interés de estudiantes… hacia espejismos bellamente ilustrados, muchos de los cuales no representan realmente lugares vitales sino permanecen en la categoría de «bellos objetos» extraviados en un mundo de «fealdad y desorden». (10)
El primer aspecto destacable es el atraso cognitivo, académico. La arquitectura lleva más de trescientos años sin modificar significativamente sus planes de estudio, la currícula profesionalizante que surgió desde aquel entonces para atender los caprichos y demandas del rey y la nobleza. Bastaría hojear el texto que Ernesto Alva Martínez publicó en la colección del INBA Cuadernos de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico, sobre la evolución curricular de los planes de estudio en las academias de arquitectura del siglo XVII a 1980. (10B) Además, para extender la confusión, en las postrimerías del siglo XIX el movimiento moderno (MM) impuso, impulsó, propugnó, en contraposición al sentido común (y a eso que Christopher Alexander denomina el modo intemporal de construir como una práctica cultural, como un hecho cultural), una regla homologante, tecnificada, abstrayente, basada en preceptos fijos y preconcebidos, una perspectiva mecanizada y biologicista del comportamiento humano y de sus expresiones en el espacio urbano y arquitectónico. Los postulados modernos homogeneizaron al usuario-habitante, al espacio barrial y urbano desconociendo la multiplicidad cultural y socioespacial. Creando una teoría ficticia que pretende una realidad social homogénea, monolítica y predeterminable. Pese a que el MM surge en contraposición al modelo academicista decimonónico, termina repitiendo sus mismos errores tanto en el acampo de la academia como en la vida laboral y, a la inversa de su pretexto ideológico inicial, termina aplastando a los que quería servir y sirviendo a los que pretendía combatir. Así, la arquitectura se ha convertido en opresora de aquellos a quien debía servir, en instrumento de los poderosos y en la torre de marfil de sus practicantes: “Si los códigos de la arquitectura son autosustentados, predeterminados no hay discusión ni verificación posible.” (11)
ATRASO DISCIPLINAR. SIGLO XXI.
En pleno siglo XXI lo único que la disciplina universitaria de Arquitectura la ha logrado cambiar es la incorporación de técnicas de representación contemporáneas muy avanzadas y la desaparición de las materias del campo de la Estereotomía. Además, ha decidido centrar su devenir escolar en la enseñanza del diseño y/o el proyecto, en demérito de otros aspectos y campos del conocimiento arquitectónico como la edificación, la teorización, la divulgación, la planificación, la docencia o la
investigación. Este empobrecimiento del campo disciplinar que hipertrofia el ejercicio proyectual y elimina de manera casi definitiva los otros campos de incidencia y del actuar arquitectónico ha repercutido de cuatro maneras para agravar las condiciones que se manifiestan en esa crisis anunciada pero que la agudizan y agravan:
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Una mayor instrumentalización y tecnocratización de las prácticas arquitectónicas.
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Un desconocimiento e incluso una negación sistemática de las realidades urbanoarquitectónicas de sus propios entornos de actuación.
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Una marcada disminución de sus ámbitos de profesionalización e incidencia y por lo tanto,
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Una evidente pérdida de repercutibilidad social, laboral y política.
Esta perspectiva atrofiante, elitista y servil se ha mantenido en la disposición disciplinar con honrosas excepciones: en el México de la posrevolución, allá por los años 20´s y 30´s, los arquitectos marxistas y de corte revolucionario tuvieron una tímida presencia en el entorno político-académico que les permitió enunciar sus postulados y prácticas, con resultados polémicos y más bien de escasa repercutibilidad, entre ellos la presencia al final de los años 30´s del arquitecto y urbanista suizo, Hannes Meyer. La otra fue en los años 60 y 70 del siglo XX, sobre todo en las grandes urbes del país en donde los movimientos estudiantiles que englobaban múltiples expresiones de las tendencias anarco-marxistas y revolucionarias organizaron movimientos de autogestión educativa y popular, siguiendo las enseñanzas descolonizadoras de, entre otros, Fanón, Cabral y Freire.
LA CRISIS DE LA PRÁCTICA ARQUITECTÓNICA ACTUAL
Se ha mencionado que la arquitectura en el mundo occidental y en México se ha ejercido con una visión reduccionista… la arquitectura se ha concebido y se ha enseñado con una visión reduccionista (monotemática, endogámica, aislada, monodisciplinar…) Cada vez más reduccionista. No nos ha bastado la crisis disciplinar (académica y profesional) queremos (el gremio arquitectónico) ahondarla mutilándola, atrofiándola más.
En algunas muy contadas ocasiones se ha escrito y hablado de la necesidad de resignificar los contenidos, estrategias y, por ende, la manera de repercutir en el entorno laboral más allá de los límites del diseño, de la prefiguración de los objetos para insertar, para aperturar (apertura.- es la acción de abrir o abrirse algo: por ejemplo, «Se ha ordenado la apertura de una investigación para esclarecer los hechos») (12) desde la fase formacional a los arquitectos en otros mercados de trabajo, que poco a poco fueron abandonados por el gremio o simplemente que nunca las ha considerado: la gestión, la producción, la planeación, la planificación, la actividad empresarial (social pero también mercantil), la profesionalización de la docencia, la investigación y la divulgación, los diversos entornos de la edificación y materialización, las actividades especializadas: la valuación, la administración, la supervisión, auditoría, promoción inmobiliaria, asesorías técnicas especializadas, gestoría, promoción y tramitología, la gestión de leyes, el servicio público, el activismo urbano ambiental.
El argumento principal es el hecho de que en este país muy pocos arquitectos viven de diseñar. Por una parte, esto nos enseña que la caracterización disciplinar no necesariamente pasaría solo por el diseño.
En otro sentido, nos indica la necesidad de extender tanto la difusión y la penetración en un más amplio espectro social del diseño pero también de las otras aptitudes, cualidades y capacidades del arquitecto como se han venido tradicionalmente ideando y ejerciendo pero también hacia donde nuevas concepciones de la práctica las podrían hacer derivar. De igual manera, las escuelas de arquitectura han centrado las estrategias de enseñanza-aprendizaje, sus contenidos y los ejercicios prácticos, en el escenario de lo mercantil. Dos cuestiones son preocupantes al respecto:
1ª) Que se ha presentado como única, normal y neutra una manera de hacer las cosas que es solamente otra de las maneras de producir. Que no es la norma, es más bien la excepción y no es teórica ni ideológicamente neutra: la mercantil.
2ª) Al exhibir como norma, neutra y única lo que es solamente una alternativa, la alternativa mercantil, la menos común a nivel mundial y en el tercer mundo por cierto, no solo se les despliega a los estudiantes y futuros profesionistas una realidad falseada, sino que se cancelan las otras alternativas, empobreciendo el horizonte de referencias y cancelando la diversidad como la óptima y real manera de comprender y ejercer las cosas, los resultados y trabajos propios de la arquitectura. Cancelando la posibilidad de comprender las heteroarquitecturas…
LA ARQUITECTURA EN LA UNAM Y LA PRÁCTICA PROFESIONAL
La enseñanza de la arquitectura en la UNAM se caracteriza por estar centrada en un hacer empirista, pragmático, en buena medida inconsciente, predominantemente irreflexivo del ejercicio proyectual; el cual, a su vez, está orientado en su parte medular a la cuestión del diseño, en una práctica y concepción predominantemente formalista de los objetos. Sobre esto se plantea la mayor carga horaria y de trabajo, el núcleo de la currícula aplicada en el discurrir educativo. Dicho de otra manera, la enseñanza de la arquitectura en la UNAM, se da predominantemente a partir de la construcción modélica de objetos, generalmente virtuales, desde una perspectiva formal-plástica (o si acaso tecnológica) estereotipante; donde las detonantes y determinantes de producción y las bases conceptuales están reducidas a su mínima posible expresión lingüística y teórica, en lo que resulta no de una economía de palabras y de medios de expresión sino de una pobreza cognitiva y, al final, en la casi total ausencia de ideas y de pensamiento. El resto de la currícula es casi una mera cuestión complementaria, anexa.
En realidad, muy pocas cosas de los contenidos curriculares le permiten al egresado algo de aplicabilidad profesional. Este ejercicio profesional se da mayoritariamente al margen de lo aprendido en la formación académica. Unos cuantos alumnos consiguen vivir de lo impartido en el transcurso de la carrera. Es el conocimiento adquirido en los primeros, en los duros momentos iniciales del ejercicio profesional, lo que les permite retribuirse de ingresos y construir una trayectoria como profesionales de lo urbano-arquitectónico o engrosar las filas del desempleo, el subempleo o laborar en las instituciones educativas como la FA-UNAM, con lo cual mayoritariamente se está en otra forma del subempleo.
En reiteradas ocasiones se ha señalado que las universidades no pueden cambiar el mercado profesional vigente. Pero pueden incidir en él y determinar poco a poco su configuración posterior. Los centros educativos pueden ser decisivos en la actividad profesional futura de las carreras que imparten; más aún si se trata de entidades como la Universidad Nacional Autónoma de México. De hecho, esa es una parte central de su cometido originario: así fue proyectada, para eso fue diseñada… no solo por la movilidad social que debería generar; también por las factibilidades de una mayor equidad y redistribución de los medios para acceder a mejores condiciones de vida para sectores cada vez más amplios de la sociedad. La inoperancia de los contenidos curriculares impartidos en las escuelas y facultades de arquitectura de la UNAM, debería obligar a cambios determinantes, categóricos.
Existe una enorme porción de la sociedad nacional e importantes sectores de los conglomerados urbanos que no son atendidos por los profesionistas arquitectos que se forman en las instituciones públicas como la UNAM (ni mencionar a las escuelas privadas). La preparación que reciben en la actualidad no lo permite y en esas instituciones educativas no existe siquiera la intención de hacerlo. En el discurrir cotidiano de la masa pobre de ciudadanos que habitan los centros urbanos del país no se ha requerido de la presencia de arquitectos para proveerse del equivalente a casi el 70% del espacio físico adaptado para el asentamiento poblacional en una urbe. México es una nación de más de noventa millones de pobres que solo muy eventualmente son atendidos por profesionales de lo urbanoarquitectónico. Un país tan inequitativo que, sin embargo, cuenta con cincuenta millones de derechohabientes en alguno de los modelos de la seguridad social para la atención médica.
EL PROBLEMA DEL DISEÑO EN LO URBANOARQUITECTÓNICO
…podemos distinguir entre los arquitectos monaguillos y los iconoclastas. Los primeros, convirtiendo la práctica arquitectónica en una simple apología, en un conjunto de vindicaciones icónicas para los poderosos y los gobernantes de su época y los otros, luchando por abrir los ojos de sus contemporáneos y descubrir que muchas de sus certezas (y hechos) arquitectónicos no son sino mitos creados para favorecer a un grupo determinado y que las reliquias arquitectónicas veneradas son sólo piedras muertas o símbolos falsos e impuestos… Transposición de una cita sobre la “Historia” de Jacques Le Goff al ámbito de lo arquitectónico. (13)
Pretender que la concepción y la acción comunicativas de lo arquitectónico (y del diseño) están del todo determinadas, no solo parte de una visión disciplinar monotemática, aislada y endogámica. También encuentra su origen en el desconocimiento de nuevas maneras de concebir y generar el conocimiento (una nueva epistemología) pero también en el hecho de entender y realizar las prácticas arquitectónicas y proyectuales como se enuncia a continuación:
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Como el aprendizaje y el desempeño laboral completamente centrado en el mero recurso metodológico, procedimental: las instrucciones y pasos mecánicos necesarios para realizar una edificación, un entorno urbanoarquitectónico.
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Como un ejercicio profesional con un horizonte de actividades y posibilidades cada vez más limitado y que excluye de sus productos y ofertas laborales a un enorme sector de la población, en el caso de México al sector mayoritario del país, a más de 90 millones de pobres (cuyas demandas de espacialidad, por cierto, no se limitan al objeto vivienda…) Que se manifiesta en un ejercicio profesional inercial, en buena medida irreflexivo e inconsciente, ideológicamente conservador y reaccionario, vinculado de forma subsidiaria a las clases sociales que ejercen el control político y económico.
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Como una evidencia, rasgo y vehículo del colonialismo europeo o estadounidense (las prácticas arquitectónicas, el diseño y la academia como vehículos del colonialismo intelectual, cultural y tecnológico). La representación gráfica, el diseño se presentan en el contexto anteriormente enunciado como apotemas determinantes y determinados, cerrados, verdaderos mitos, mitologías y mejor, como expresiones mitomaniacas, parafilias que representan la producción arquitectónica como algo que ya está del todo determinado: ¿si ya todo está determinado quiere decir que no existen, que no hay nuevas posibilidades de producir, concebir y construir el hábitat humano? ¿en caso de existir, estas nuevas posibilidades no pasan por el ejercicio proyectual y su acción comunicativa ni la transforman? ¿para qué entonces la enseñanza universitaria de la arquitectura? ¿no bastaría con una formación a nivel medio para egresar técnicos en diseño o en construcción?
Aquí proponemos que el gremio arquitectónico no debe aceptar esas determinaciones propias de una visión conservadora e ignorante. Primordialmente para justificar su estatus educacional “universitario” (la inversión social que representa) pero esencialmente porque el hábitat humano es algo mucho más complejo que el complejo proceso de producción de un plano… está ligada, en fin, a una nueva, necesaria, deseable y posible epistemología arquitectónica:
El aspecto más fundamental de la arquitectura y el diseño participativos es que surgen de la base e idea de que la construcción social de la espacialidad habitable, debe plantearse, enfrentarse y manejarse en el complejo mundo de las diversas realidades coexistentes; no abstraerse y limitarse a la simple determinación de la forma. (14) Este enfrentarse, parte de reconocer que no se pueden proponer respuestas validas, apropiadas y apropiables, sin la participación dialéctica (o dialogal) de los actores involucrados en dicha producción y/o construcción social. Sólo y en tanto esta (relación dialéctica) se pueda dar, se podrán ir construyendo (alternativas) y encontrando las formas de hacerlo.”
Cien ventanas normalizadas no constituyen ninguna ventaja industrial: no son más que nostalgia de la era preindustrial… en los Países bajos, hemos diseñado 129 viviendas con los ajustadísimos presupuestos holandeses: hay 250 dimensiones diferentes de ventanas y no ha costado más caro. ¿Por qué rechazar esta posibilidad? No hay más que meter en el ordenador las dimensiones en abscisas y coordenadas. Es fácil y además, la diversidad no resulta cara. A mano era mucho más difícil: había que rehacer 250 veces el mismo dibujo, lo cual llevó rápidamente a que se convirtiera en una arquitectura de fotocopiadora… Ciertos arquitectos retrógrados aún aman la regularidad, las crujías idénticas, las ventanas repetidas, las plantas disciplinadas, etc. Pero, desde el exterior, ¿qué queda de las aspiraciones variadas de las víctimas que habitan dentro? (15)
No solo la arquitectura se ha hecho con una visión reduccionista, también el diseño… Una escuela (y de paso, una actividad profesional) de diseño no es equivalente a una de arquitectura. Esto nos remite a preguntarnos algo que debe ser base primordial de una visión diferente de la práctica tradicional del diseño como una más de las herramientas acríticas que los grupos de poder usan en el control y la mediatización social del hábitat: ¿qué es lo que determina, hace o permite la presencia de un buen diseño? ¿qué nos permite determinar, detectar algo bueno y bonito? barato es más fácil pero bueno y bonito…
Plantea la necesidad de identificar de manera clara y consciente los mecanismos de juicio y valoración social, y el comportamiento, conocimiento y accesibilidad de los diferentes sectores de la sociedad a estos mecanismos y sus cambios y transformaciones pertinentes. Como bien puede estimarse, existe entre el “disgregado” gremio de los arquitectos un verdadero horror al cambio, sobre todo cuando este no está relacionado con las modas importadas de las metrópolis imperiales o con la mercantilización de la profesión. (16)
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Tradicionalmente el diseño ha sido en esencia un trabajo técnico o plástico y de gabinete, de especialista encerrado en sus propias ideas y concepciones. El arquitecto ha ejercido su actividad de diseñador desde su estatus de supuesto sabio, un tanto aislado de la sociedad, a la que percibe como un ente de laboratorio bajo su lupa de experimentador a veces (las menos) con rasgos geniales o (muchas veces) de torpe tirano de la forma. Dentro del campo general del diseño, el diseño urbano-arquitectónico tiene la función específica de prefigurar la espacialidad habitada y habitable para las diversas sociedades humanas.
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Como ya se ha mencionado en el punto anterior el diseño ha sido concebido en esencia como un trabajo técnico o artístico y de gabinete, de especialistas en la prefiguración de objetos y cosas que delimitarán el espacio habitable del hombre. Esto ha generado una serie de problemas en la actividad desarrollada por el profesional de la arquitectura y en la enseñanza que ya previously se han reiteradamente enunciado y de los que cabría machaconamente traer a colación los concernientes a la aplicación y manejo de manera poco reflexiva o inconsciente, al uso ineludiblemente sesgado e imbuido ideológicamente de contenidos referidos a una condición de clase, filiación, afiliación o pertenencia que emanan de las tradicionales nociones, maneras y herramientas del diseño arquitectónico.
En contraste, sin pretender la obsesión neurótica, equívoca y castrante de plantearse sus límites disciplinares arquitectónicos: “… al haberse modificado los procesos productivos y, que el carácter de quienes ahora construyen el ambiente físico, no son ya, únicamente, profesionales ligados al saber arquitectónico general sino que pertenecen a otras disciplinas, más o menos afines, y que incluso, en muchos casos condicionan y delimitan las acciones del arquitecto.
El campo de lo arquitectónico, ha perdido sus anteriores límites (¿cuáles?) y se ha comprobado que éste no es más que un aspecto de un proceso de creación (sic) formal (sic) mucho más amplio…” (17) así se abriría a la posibilidad de nuevos horizontes de conceptuación, de eventos y contingencias relativas a la configuración material de hábitat humano sin pretender excluir la tradición disciplinar. Pero más aun, procurando jamás aceptar pasiva y acríticamente las determinantes que para ejercerla han impuesto un inequitativo, arcaico y disfuncional estatus imperante.
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Apremia darse cuenta de que el modelo atávico, hereditario y ancestral de enseñanza en la arquitectura no es el adecuado para dar respuesta a las muy complejas y variadas demandas socioespaciales de todos los sectores de una población, por un lado, predominantemente pobre pero multifacética y heterogénea y, por otro lado, cada vez más exigente y consciente de sus derechos, de sus requerimientos respecto a las condiciones materiales y simbólicas del hábitat, del barrio, de la ciudad.
